Podrido de lo mismo de siempre
Es un papelón lo que sucede en el ámbito político de nuestro país. Nadie entiende que pasa. Es difícil poder enarbolar banderas optimistas, cuando poco se hace para cambiar estructuralmente nuestra sociedad. Estamos viviendo una época de caos, institucional, originado en las carencias educativas y en nuestra ausencia total de cultura cívica.
La mayoría de las personas votamos por el cambio, pero el mismo no llega. Es imposible querer engañarnos diciendo que solamente con la derrota del Partido Colorado, todo es diferente. Las mismas prácticas políticas siguen “engalanando” a nuestros “representantes”. En la conformación del nuevo parlamento podemos ver que las variantes son mínimas y casi imperceptibles. La esencia de este Parlamento sigue siendo el mismo. Es justo decir que existen honrosas excepciones, pero la generalidad de los casos es la presencia de clamorosas decepciones.
Es una contradicción casi tragicómica que se repite en cada periodo parlamentario cuando observamos que en el lugar en donde se elaboran las leyes que regirán el comportamiento social, la misma ley sea un artículo de disputa política y de cumplimiento obligatorio, obligatorio para defender los intereses del sector al cual representa el legislador. Hablar en nombre del “mandato del pueblo”, y otras expresiones que forman los discursos que escuchamos constantemente son parte de una “moda electoral”. Ya a esta altura de los acontecimientos me limito a creer que son apodos, por los que se los conocen a estos personajes de nuestro desgraciado andar diario.
Volviendo al tema original es lamentable lo que está pasando en ese Poder Legislativo. Jura Nicanor Duarte Frutos y sus testigos legales son una caterva de fanáticos y aliados políticos. Posteriormente se pretenden reunir los legisladores oficialistas que son mayoría y no se sabe si lo que realizan es válido o no, puesto que completan el número mínimo para sesionar, con la presencia de Jorge Céspedes, quien asumió temporalmente la banca que, corresponde o no – he ahí el dilema – al ex presidente de la República.
Se llavean instalaciones, se apaga el sistema informático, se utiliza el Parlamento como escenario de un encendido discurso político por parte del actor principal de este embrollo, Nicanor Duarte Frutos. Mientras tanto siguen las reuniones para analizar la situación y ver las medidas paliativas. Entre tanto sucede esto, algunos que antes cuestionaban el juramento, ahora ya lo aceptan, encontraron antecedentes no tan lejanos.
Desde el Palacio de López se escuchan tímidas reacciones que casi callan para otorgan validez a lo realizado. Esto sin olvidar que lo poco que se dijo desde allí, en nada cuestionó el procedimiento empleado por Enrique González Quintana, Presidente del Congreso, para tomar juramento a Nicanor. Los colorados seguidores del ex titular del Ejecutivo celebran la llegada del mismo a su banca, “legítimamente obtenida” por la mayoría del pueblo paraguayo. Obviamente, esto según su punto de vista. Ya lejos quedaron los dictámenes de juristas prestigiosos que hablaban de la nulidad y los vicios que arrastraba la candidatura de Duarte Frutos.
Si todo esto le parece poco, y como si cinco años no fuesen suficientes para el sufrido pueblo paraguayo, escuchamos nuevamente el vozarrón del ex Tendota, que ahora puede ser el tendotá y general de la llanura colorada, dirigiéndose a una serie de enfervorizados y agradecidos chupamedias. ¿Qué dijo Nicanor? En muchas oportunidades, estas alocuciones se prestan para palabras sin sentido. Sin embargo, ahora hay una característica interesante. Es notable escuchar, sin sonrojarse de vergüenza decir a Nicanor que es tiempo de dejar de lado los odios y preocuparse por los pobres. Sí leyó bien, por los pobres, esos que fueron excluidos e ignorados durante toda su gestión gubernamental.
A la tarde, los que no dieron quórum decidieron repudiar la actitud del Presidente del Congreso y declarar que el juramento no tenía valor alguno. Jorge Céspedes, ex mejor amigo de Nicanor y ahora senador que juró, pero que no se sabe bien si continúa o no en su cargo, era ratificado en su curul parlamentario.
Esto pasaba vertiginosamente. El 26 de agosto de 2008 fue un día de indignación constante, en donde los sucesos que iban pasando, lo único que nos demostraban es que nada más importa en Paraguay. Únicamente son válidos los intereses particulares de los políticos de turno.
Abrumado, cansado y aburrido de esta situación, utilizo estas reflexiones más que para pretender dictar juicio acerca de los alcances legales, para denunciar el desasosiego de un ciudadano común, que trabaja para darles un futuro mejor a sus hijos. Una persona que apuesta por el país, para hacer de este lugar un sitio habitable. Pero que termina con la demostración que existen oportunidades en las que nos uno llega a hartarse; en que llega a decir no más de esto; que clama porque terminen estas prácticas de una vez por todas y que comience el verdadero cambio que todos queremos.
Estoy cansado. Por favor, que termine todo, y que de una vez por todas hagamos las cosas como corresponde. Si no pueden, no saben o no quieren; dejen sus cargos, váyanse todos. Creo que hasta sin conducción política que tenemos al país le irá mejor.
Dejenme de joder, la verdad, estoy podrido!
Todavía no hay comentarios
Replica