La pobreza es un problema real en Paraguay


El hombre es un animal de costumbres es una de las frases hechas, desde tiempos inmemoriales, y que se instalan en la mente, a fuerza de la costumbre de lo que observamos cotidianamente en el andar nuestro por este valle terrenal.

Como seres humanos, vivimos acostumbrándonos a muchas cosas, lo cual no deberíamos hacerlo. Estamos inoculados al ver tantas personas deambulando por la vida sin tener un pedazo de pan para engañar al estómago, a niños en la calle pidiendo limosnas o haciendo malabares para conseguir caridad, a la injusticia de nuestra justicia, a la desigualdad de una sociedad que no da respuesta a miles de compatriotas. Lastimosamente es así, nos acostumbramos a que esto sea así.

En un plano aspiracional, de lo que deberíamos ser como sociedad, haciendo una analogía del planteamiento de Platón, uno de los clásicos de la filosofía universal, en donde hablaba, de la existencia de topus urano, un sitio en donde el mundo material se convertía en un simplemente reflejo de lo que está en el mundo de las ideas, es decir, lo perfecto estaba allá en esa dimensión, y el hombre vivía deambulando como castigo en este mundo lleno de imperfecciones, me gustaría comenzar a hacer una serie de planteamientos respecto a una condición particular que es costumbre, y a la que aparentemente nos acomodamos para seguir observándola como algo normal, y que no debería ser así. Me refiero a la pobreza.

En una ronda de amigos, cervezas de por medio, en las famosas charlas en donde uno intenta cambiar el mundo y lo único que obtiene es un rato de relax y buena compañía, surgió un planteamiento que me parece demasiado importante, por lo que lo decidí incorporar a mi lista de frases a ser empleadas con frecuencia. La pobreza no será combatida mientras no sea un problema para todos, palabras más palabras menos.

El razonamiento surgió de la siguiente manera. En esa reunión entre tantos temas, hablábamos de la popularidad del ex presidente brasileño, Luiz Inacio  Lula da Silva, y el motivo de la misma. Decíamos, (no me quiero atribuir ninguna consideración ni dato estadístico, pero tampoco se cual de mis amigos lo dijo, lo voy a dejar en un aporte colectivo), que el gran éxito de la gestión del ex mandatario brasileño era su buena gestión principalmente en el ámbito económico. Otro apuntaba a dar cifras concretas, recalcaba que treinta millones de brasileños salieron de la pobreza para engrosar la clase media.

Así continuamos dando comentarios al tema, hasta que llegamos un hecho concreto. La intervención militar en las favelas para combatir el narcotráfico, pensando en el Mundial y los Juegos Olímpicos que se realizarán en este país en los próximos años. Algunos críticos de esta acción señalaban que era inconstitucional, ya que no se ajusta a la legislación positiva vigente en el Brasil que los militares actúen en las ciudades. En contrapartida, la respuesta a esta crítica era un silencio cómplice de los diversos sectores. Desde la prensa, pasando por la población y alcanzando a las autoridades.

Es que, entre todos comprendían que la pobreza ya es un problema prácticamente incontrolable en el vecino país. Las imágenes que se vieron en los medios, reflejando esta intervención militar eran de una victoria. No del gobierno, no de las Fuerzas Armadas, sino de la sociedad en su conjunto. En este contexto, vino la frase en cuestión que la agregué a mi lista de cabecera “La pobreza no será combatida mientras no sea un problema para todos”

La pobreza en Paraguay hace tiempo que es un verdadero problema. Sin embargo, no afecta a las principales autoridades, ni a los partidos políticos, que siguen viendo entre los marginales a su sustento electoral, para lo que verdadera y únicamente les interesa, las elecciones. Por eso tantos conflictos generan los programas de Acción Social en el país, ya que en su gestión mueven a una población importante, que podría ser una base que garantice éxitos electorales. Eso está muy claro.

Para nosotros los ciudadanos comunes es un problema la pobreza, ya que la inseguridad sigue marcando su nefasta  presencia en nuestras calles, en cualquier momento y lugar. Los cuidacoches, limpiavidrios, y vendedores ocasionales que se apiñan en las esquinas de las ciudades también se enmarcan dentro de los desagradables momentos que debemos atravesar en el andar cotidiano. Los niños en situación de calle, que sobreviven con narcóticos en el cuerpo para paliar carencias, el desempleo, la desigualdad, son otros indicadores de lo que realmente es un flagelo en el país, la pobreza.

Las cifras de esta situación son escalofriantes. De tanto repetirlas parezco un disco rayado, sin embargo, considero que de alguna forma debe entrar en la mente de las personas. Así como cuando no podíamos recordar algo en la escuela, lo reiterábamos hasta el hartazgo para que se incorpore en nuestro conocimiento. El 50% de los paraguayos viven por debajo de la línea de la pobreza y de éstos la mitad, unos un millón doscientos mil, en la pobreza extrema.

Obviamente que vamos a seguir atravesando todo tipo de inconvenientes. Lógico es que en algún sitio explote el asunto. Lo peor de todo es que los que son afectados por la pobreza y sus consecuencias no son los que más tienen, sino nosotros, los de la clase media, los trabajadores, los que andamos en el trajín habitual para sustentar honestamente nuestras vidas.

Esta se convirtió, por ahora, en una lucha entre pobres. Los pobres que no tienen para comer y los pobres que sobreviven trabajando. No es un problema para la clase política dirigencial. No es un inconveniente para los que tienen más, ya que ellos poseen recursos para protegerse.

Entonces, la alternativa pasa por nuestro compromiso social de hacerles saber que necesitamos que se rectifiquen rumbos. No puede ser que se sigan dirimiendo como temas verdaderamente importantes para la República las internas de la ANR, o quien puede o no ser candidato para el 2013, en cualquier signo político.

El pueblo paraguayo se desangra en una lucha intestina de supervivencia y mendicidad. “Eliminemos a los limpiavidios” piden algunos. Bueno, está bien, accedamos, gracias a nuestra imaginación, a ese pedido. Los tomamos y los limpiamos de la calle. ¿Solucionado el problema? ¡Claro que no! Esas no son medidas paliativas verdaderas. Seguimos discutiendo soluciones parche, que intentan normar e institucionalizar la actividad indigente, pero que no ayudan realmente a solucionar los problemas de fondo.

Es momento de comenzar a sentarnos entre todos a plantear políticas públicas reales que puedan combatir y eliminar la pobreza en el Paraguay. En ese sentido debemos incluir generación de empleo, justicia social para todos, combate a la corrupción, eliminar la impunidad, mejorar la educación y la salud de todos. No se puede pensar en enderezar el rumbo de este bendito país otorgando chalecos y acreditaciones que puedan identificar a los pobres. Mucho menos cortándole las cabezas o las posibilidades que puedan seguir juntando miserias de la caridad de los demás.

La pobreza amigos oyentes en Paraguay hace tiempo que es un problema real para todos. Hagámosle saber a quienes siguen viviendo prebendariamente de ella, para libar el néctar de nuestro esfuerzo, que no estamos dispuestos a tolerar su conducta.

Lindo desafío el que nos toca. A ver si nos animamos de una buena vez por todas a iniciar este proceso de verdadero cambio.

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3 Respuestas a “La pobreza es un problema real en Paraguay

  1. Es un buen resumen de todos los pensamientos de las personas en el dia a dia
    Pero procurar almenos empezando a realizar algo
    En nuestras comunidades, no nos sentemos pensAndo
    Que los demas solucionen, reaccionen mi gente

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