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Maldición 2012

enero 17, 2012

Dijeron que en el 2012 termina el mundo, según los mayas. Aunque para nada damos fe a esas afirmaciones, existen otros presagios que realmente nos asustan. Le bastaron unos días al mes de enero para que comencemos a pintar un panorama negro para este año, en el rubro que más nos afecta y que debería seguir una línea de crecimiento sostenido con cifras importantísimas como en el 2010, la economía. Con los primeros garrotazos recibidos, el panorama aparenta sombrío.

En las primeras horas nos enteramos de un segundo brote en meses de aftosa en San Pedro. El golpe que representó la disminución ostensible en la exportación de la carne por este mal, impactó fuerte a finales del 2011. Creíamos que la lección fue aprendida y que los controles, tanto gubernamentales como gremiales, servirían como una lección para evitar situaciones similares, al menos en un corto plazo. Lastimosamente no fue así.

Al país no le duelen tanto las caídas de la bolsa internacional, ni las crisis económicas mundiales. Nos noquea el clima adverso. Uno de los factores más temibles para la economía paraguaya, sustentada en gran parte por el agro, es la sequía que está marcando nuevamente su presencia en el campo con consecuencias que se podrán medir efectivamente a finales de marzo cuando finalice la cosecha de la soja, principal rubro en este tiempo. Ante la gravedad del contexto, el gobierno decidió declarar emergencia alimentaria y los productores agroexportadores, siempre críticos a la gestión gubernamental, piden una tregua para salir adelante en este momento duro.

La bajante del río Paraguay también repercutió de forma importante en las exportaciones e importaciones, como consecuencia de limitación que implica esta situación ambiental para la navegación en las últimas semanas.

Estos tres factores impactarán a la microeconomía local a mediano plazo. Los sectores implicados directamente ya están sintiendo el fuerte embate de la aftosa y la sequía. Como la plata no se generará en las cantidades esperables, el segundo proceso, de traslado de esos recursos al mercado, será en un flujo menor. Se sabe que una economía en recesión o con menor crecimiento de lo esperado, tiene recursos cobardes que en lugar de reinvertirse para generar más ganancias, se emplean para afrontar las dificultades del momento, mirando el futuro de forma prudente.

Si esta perspectiva ya aparenta difícil debemos sumarle el casi confirmado nuevo aumento del precio del gasoil, que de acuerdo a la solicitud de PETROPAR estaría aumentando su costo en unos 300 guaraníes por cada litro. De 5.600, el precio actual a 5.900 guaraníes. El diesel, principal eslabón en la cadena productiva y de movilización en el país, generará un espiral de incremento de precios que se sentirán de forma inmediata. Los primeros que pedirán un reajuste de tarifas, o subsidio serán los empresarios del transporte. Luego veremos precios remarcados en despensas, supermercados y todo comercio de uso frecuente para la ciudadanía.

Quizá parezca increíble. La verdad es que en esta oportunidad se mezclan una serie de factores que ennegrecen más todavía el siempre largo y pesado mes de enero. No sé si los mayas eran tan hábiles para definir la fecha del fin del mundo. Ni tampoco considero una posibilidad que hayan pensado en este escenario negativo desde el inicio de este 2012. Es más, ¿para qué preocuparnos por los mayas y sus predicciones catastróficas? No hay que ser muy inteligente para decir que este año, por ser meramente electoral, ya tenemos politiquería, o sea, maldición, para rato.

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